La invención del libro portátil

Hace  unos seis siglos se inventó la imprenta y, al poco, el libro de bolsillo. Sobre esto va este artículo de El  País:

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Es curioso el último párrafo del artículo:  “Su momento de mayor esplendor se da, según Javier Azpeitia, cuando ponen en marcha un formato que transforma los hábitos de lectura —se deja de leer en atril— y triplica las tiradas medias (hasta los 3.000 ejemplares). “Se trata de libros de formato octavo, con lomos de menos de un palmo, portátiles”. El nuevo objeto se convierte en un elemento habitual en los retratos y dado que los libros de bolsillo de Manuzio eran exquisiteces, pronto se expandió por Europa un nuevo fenómeno también muy vigente: las ediciones pirateadas.”

Esto nos tienta a trazar un paralelismo con lo que sucede actualmente con el libro: la irrupción de una nueva forma de leer -el libro electrónico-, que supone unas ventajas prácticas denostadas por muchos que argumentan que se pierde una forma de leer antigua pero mas profunda (el atril, el manuscrito) y que  conlleva peligros como el de la piratería. Nihil novum sub sole (esto es latín, queridos alumnos: nada nuevo bajo el sol).

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