LIBRO DE LA SEMANA: La librería ambulante. Christopher Morley. Ed. Periférica.

 

                                                                LA LIBRERÍA AMBULANTE 9788492865505

En 1917 el autor escribió esta historia original y deliciosa que se lee en dos tardes  y se desarrolla en cuatro días. Cuatro días de libertad para Helen MacGill, una voluminosa mujer que no para de trabajar para su hermano en una granja: lava, limpia, hornea miles de panes…Hasta que un día se presenta un hombrecillo calvo y de barba roja que le ofrece comprar su librería sobre ruedas, un carruaje lleno de libros (“Parnaso”) y tirado por la mansa yegua  Peg y al que acompaña el perro Bock.

Sin pensarlo, Helen lo adquiere y se va con el hombrecillo (hasta el final no sabemos que se llama Roger) que le enseña el negocio de vender libros a los granjeros y pueblerinos. El hombre es un enamorado de los libros (“Ninguna criatura sobre la faz de la tierra tiene derecho a creerse un ser humano a menos que esté en posesión de un buen libro”, declara), y para él la difusión de obras escritas es una “evangelio”, una misión sagrada que hará mejores a los hombres. Y tiene mucha habilidad para verderlas, ya lo creo.

Andrew, el hermano, los persigue furioso, sin entender ni aceptar que su hermana quiere ser libre. Al final los alcanza, produciéndose una monumental batalla entre ambos hombres… pero mejor ya no contar más.

Toda la historia está trufada de humor, conversaciones deliciosas y peripecias. Todo contado con la prosa sencilla y directa típica de los narradores norteamericanos clásicos (Mark Twain, Steinbeck, Hemingway…), una sencillez que destila la historia misma y los caracteres de los personajes.

Detrás de esta aparente sencillez uno se da cuenta de que Helen y Roger no son sino arquetipos del ser humano en su mejor aspecto: personas inconformistas que quieren ser libre… y, porque quieren, lo son.

Si la literatura fuera un gran banquete con cientos de platos deliciosos (ahora que están de moda los programas de cocina), este libro sería un bombón: no es el mejor plato, ni el más abundante ni el más ambicioso, pero ¿quién puede resistirse a un bombón?

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