Libro manuscrito contra imprenta

Este escrito del siglo XV menciona, y a veces debate con ardor, algunos temas que están presentes en la cultura de hoy en día: decir pergamino contra libro de imprenta es lo mismo que decir libro de imprenta contra ebook. Encontramos en el texto medieval  razonamientos usados  actualmente en los débiles  debates sobre el tema y menciones muy avanzadas para la época de  conceptos como el copyright.

El texto, posible copia para archivar de una carta enviada al Rey Fernando, fue encontrado en la biblioteca de un monasterio de nuestro país. Carece de encabezamiento y firma.

“Ruego a Vuestra Sagrada Magestad por bien tenga no rescebir enojo del atreuimiento de este vuestro uasallo en dirigir vos por estenso su parescer, avn solamientre guiado por el sentido del deuer hacia el bien estar de las Españas e el vuestro proprio e por la consideraçión del graue riesgo que, a su juyzio e el de otros muchos hombres de bien, se acrescienta en el reyno e también en las ánimas que en él su morada han.

Es noticia cierta que de tierra tudesca pocos años ha que ha llegado a nuestro reyno el conoscimiento de la inuención de un arte mecánica llamada imprenta que permite reproduzir a grande priessa mucha quantidad de lo que llaman libros, que no son sino a modo de pequeños pergaminos en quadratura recortados, entre sí recosidos por  sus bordes e enuueltos todos con una tapa dura que los defiende. Avnque pergaminos nombrado les he, nvnca lo son por no estar por mano escritos, sino que su escritura deciende de sellar contra papel moldes en tinta impregnados que contienen cada vno vna letra de madera en su interior. En orden consecutivo pone el maestro impressor las letras todas de cada phrase, mancha las de tinta e oprime las contra los papeles llamados hojas también. Esto permite reproduzir muchas vezes la mesma hoja e el mesmo libro. Todo quanto digo, lo digo de oýdas e disculpar se me deue si mi yerro notorio fuera.

También sabido es que la mesma diócesi de Segobia, en vez de velar por los intereses spirituales de los christianos e difundir la gloria del Altíssimo, ha permitido el establescimiento de dicha arte profana en su jurisdición. E engendro a esta arte llamo e proclamo e ansí la vuelvo a llamar por quantas raçones enumero deyuso:

En pergamino e en libros escritos por mano se escreuieron los fechos e dichos de Nuestro Señor, ansí como las reuelaciones de los Sanctos Padres de la Yglesia. Durante siglos ha sido el pergamino e la escritura manuescrita cobijo de la reuelación e soporte necessario para la difussión de la fe, ansí como garantía de la doctrina. Siendo de morosa elaboración e trabajosa en extremo, acerca a quien escriue a Dios e otorga al escrito carácter sagrado, spiritual essencia e artístico ornato de la inspiración deriuado e de laboriosidad también. E este carácter transmite al que lee. Por el contrario, los libros en el nueuo arte realizados faltos están de la diuina inspiración e labor humana especial, sino que son fechos por artilugio mecánico de cualquier ignaro gañán manipulado. La grande priessa  e monotonía de su fábrica impide ese hálito de humanidad, esa essencia de reflexiua calma que San Anselmo llama el amor que las letras desprenden. En nuestra humilde creençia es el pergamino manuscrito voz cálida que nos acariçia con su tacto, agradable color e trebajada redación propiçia al estado reflexiuo. Mientras, el nueuo arte de imprenta nos paresce vna fría manera de dezir la superficie de las cosas e, ante todas ellas, propiçiadora de demoniaca distración.

Otrosý: la presencia phísica de lo escrito por mano humana fuerça lo a ser leýdo de espacio, recreando se el que lo lee en los sentimientos que transmite e su reflexión guiando sobre las ideas que espone, mientras que, en nuestra creençia, la letra impressa induçe a lectura veloz en ecceso, perdiendo se ansí gran parte del sentido e enjundia de lo escrito. Esto conducirá, sin dubda, a que el celebro humano, acostumbrando se a ello, se mude e cambie tornando se menos profundo e veniendo menos intenso en su capaçidad reflexiva.

El horror que del horror vacui me embarga me lleua a abrumar los castos oýdos de Vuestra Magestad con vna aberraçión que a los míos llegado ha, y esta es que es uso común en tierra de Nápoles que los lectores de tales libros sub rayen frases e líneas enteras de las dichas hojas. Quiero dezir con el vocablo sub rayar escreuir vna línea a pluma por de baxo de las sentençias escritas. Con ello pretenden, creo yo, resaltar la importancia de vna parte de lo escrito por sobre lo de más. ¿No es eso descrédito para vn formado raçioçinio e mengua de la trabajada memoria?

Otrosý: la facultad desuso citada, o por mejor decir la memoria  que es madre de la inteligençia e mantenimiento de la sabidoría, resulta grandemientre menoscabada ya que el christiano lector no necessitará aprehender en la suya dichos, sentencias e historias contadas, sabiendo que están en tal hoja de tal libro e que siempre recobrar las puede. E ansí, en tiempos de por venir, llegará a considerar que no es importante el aprehender de coro sino el aprehender a aprehender. Sin embargo, ya el protochristiano Platón pone en boca de Sócrates (en su Phedro) que no toda técnica nouedosa prouechosa para los humanos es, e ansí, refiriéndose a la nueua moda de ygualar lo culto con la escritura, en lugar de facerlo con la palaura oral, como costumbre era, dize:

Porque es oluido lo que producirán en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a traués de caracteres agenos, no desde dentro, desde ellos mesmos e por sí mesmos. No es, pues, vn fármaco de la memoria lo que has fallado, sino vn simple recordatorio. Apariençia de sabidoría es lo que proporcionas a tus alumnos, que no verdad. Porque auiendo oýdo muchas cosas sin aprenderlas, parescerá que tienen muchos conoscimientos, siendo, al contrario, en la mayoría de los casos, totalmente ignorantes, e difíciles, además, de tratar porque han acabado por conuertirse en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad.»

Otrosý: no es desdeñable la possibilidad de que, deuido a la facilidad de reprodución de exemplares que el engendro conlleua, se publiquen obras fuera de la autoridad de la Sancta Madre Yglesia, lo que lleuaría, sin dubda, a aberraciones como que se impriman textos sagrados introduçiendo personas infieles e enemigas de Dios e  cambios en la escritura diuina, tachando lo que  les resulta inconueniente o expresando directe falsedades que pueden conducir al pueblo sencillo e crédulo a confusión primero, e a heregía luego después. E no es menos graue que muchas de esas obras puedan ser  profanas –que no es el fin con el que el Criador inuentó la escritura- e ello lleuaría a la consecuencia fatal para el christiano de poder leerlas.

Otrosý:  notable perjuycio será si el christiano de a pie gasta sus pocos dineros en los dichos libros e no en obras de charidad e sustento de nuestra Sancta Madre, e más graue peccado se fará a la  bolsa de Charidad de nuestra Sancta Yglesia si se reproduçen exemplares de obras sagradas con su desconoscimiento y, por tanto, sin pagar le las tassas e impuestos que, en concepto de autoría, deuen ser le retribuidos por cada obra escrita. La mesma existencia del autor de obras vería se en graue peligro pues qualquiera copiar podría e distribuir sus escritos sin grauamen alguno. Por no hablar de que officios honestos como el de escriuano o amanuense desaparescerían al no poder riualizar con vn artilugio que face el trabajo de cientos de ellos e en menos horas.

Pues nada bueno puede ser dicho de esta inuención que más paresce obra del diablo que de christiano, atreuo me a suplicar a Vuestra Magestad que si alguna justicia hallare en mi advertencia, mande por su autoridad, o por las personas que de vos la hubieren, prohibir en el reyno la fabricación de esta descreída e pagana inuención ansí como disponer la quema pública de la ya existente desuso citada. E si Vuestra Magestad no lo viera conveniente en su superior sabiduría, ruego sepa disculpar a este humilde criado que se postra a vuestros pies.

Dada en Valladolid, a quinze días del mes de abril de 1476″

L.C.D,  A.B.V

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