Libros y hamburguesas

“Hay palabras que hacen vivir
y son palabras inocentes
La palabra calor, la palabra confianza,
Amor, justicia ,y la palabra libertad.”

Esto escribía Paul Eluard y a  uno le vienen estas palabras  a la memoria , a veces, muy de vez en cuando,  cuando encuentra alguna cosa que hace vivir, que te devuelve el optimismo, que te reconcilia con los demás y con este país, cuando encuentra que no todo es egoísmo y espectáculo, no todo es corrupción y superficialidad, no todo es materialismo e irreflexión.

A veces surgen flores donde menos lo esperas, en las grietas del asfalto o en los vertederos. Yo lo he visto.

Y la última que vi, dejando a un lado las metáforas fáciles, fue en el Km. 11 de la carretera de Pontevedra a Sanxenxo. A mano izquierda, sobre unas espléndidas vistas a la ría, hay una hamburguesería cuyo nombre no diré para que no me acusen de intereses comerciales nepóticos. Un futbolín, una pecera, posters de peces de La Voz de Galicia, mesas de formica… hasta aquí todo normal, pero, curiosamente, hay tres cosas que la hacen atípica: no percibes ese nauseabundo olor a grasa animal rancia típica de esos sitios, los urinarios están limpios  y los dueños (un matrimonio  realmente encantador) sostienen una dura lucha por promocionar la lectura entre sus clientes.

Sí, habéis oído bien. Al lado de una estantería con libros hay el  poster que podéis ver en la foto. El dueño ha organizado  un concurso en que el cliente sólo tiene que anotar su número de móvil y si coincide con un sorteo determinado, puede recoger un libro gratis allí mismo.

El título es conmovedor: “Los libros nos hacen libres”.. Puede parecer ingenuo (lo es)  pero a mi me ocurre que ese lema derrota, parodiándolo, al ominoso eslogan con que los nazis recibían a sus víctimas en Auschwitz. Lo vence, lo pisotea, lo destruye.

Sólo escribir su teléfono, es lo único que tienen que hacer los comedores de hamburguesas. Pero aún así, se me quejaba el dueño, “lles costa de carallo”.

-“Cando se enteran de que o premio é un libro nin se molestan en escribilo número”, decía el hombre entre dolido e indignado. Yo, como bibliotecario, lo entendía “de carallo”.

Y allí sigue el poster año tras año, como una bandera, como una idea inasequible al desaliento, como un sentimiento arraigado. Con pocas firmas. Pero con algunas.

También se me ocurre que este hamburguesero está protagonizando la segunda parte  Fahrenheit 451 desde su rincón de Pontevedra y que, ya que ninguna autoridad le va a dar un premio a la Promoción Cultural, Fomento de Lectura o algo semejante, al menos podemos nosotros, los bibliotecarios y los amantes de las historias, parar un día allí, comernos un bocata de calamares, admirar la ría y conversar con el dueño.

Luego se lo contaremos a los alumnos. Atenderán, pero no sé si entenderán.

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