Libro de la semana- “La penúltima verdad”, de Philip K. Dick

La penúltima verdad (1964), de Philip K. Dick (1928-1982)

En el año 2025, la humanidad malvive en unos tanques subterráneos mientras se  está desarrollando la III  Guerra  Mundial.   Entre  las   armas   utilizadas se   encuentran  bombas radioactivas  y  gas nervioso,  por   lo  que sólo unos pocos humanos siguen en la inhóspita superficie, dirigiendo los ejércitos de robots que combaten unos contra otros en la guerra.

Al enfermar el mecánico jefe de uno de esos tanques subterráneos, Nicholas Saint-James es obligado a  salir  a  la  superficie para encontrar  un páncreas artificial,  con  el  que poder  salvar su vida.

Pero cuando sube se encuentra con algo totalmente inesperado… (no es ningún “spoiler”, esto se descubre en los primeros capítulos): en realidad la guerra ha terminado hace unos años, pero los humanos que permanecieron en la superficie, en vez de avisar a sus compatriotas, se repartieron el territorio no contaminado y viven como señores feudales, con un séquito de robots que hacen todo por ellos, mientras engañan a los de los tanques dirigiéndoles mensajes televisados de un personaje ficticio llamado Talbot Yancy, que les va comunicando las -supuestas- novedades de la guerra, y les apremia a que sigan construyendo los robots que en realidad pasan a formar parte de su séquito personal.

Para los que no conozcan a este autor, diré que películas como “Blade Runner”, “Minority Report”, “Impostor”, “Paycheck”, “Equipo de ajuste”, “A Scanner Darkly” o “Desafío Total”, entre otras, se basan directamente en sus novelas o relatos cortos, y otras como “Matrix”, “Abre los ojos”, “El Show de Truman”, “Olvídate de mí”, “Origen”, “Nivel 13”, “eXistenZ”, “El corazón del ángel” o “Dark City”, son de evidente inspiración dickiana, ya se reconozca o no explícitamente.

Y el denominador común en todas estas películas es una idea presente también en prácticamente todas las novelas de Dick: un personaje descubre que lo que ha considerado hasta ese momento como la realidad es en verdad una ilusión, una mentira, una falsedad.

Así, Rachel en “Blade Runner”, o Spencer Olham en “Impostor”,  descubren que en realidad no son seres humanos sino androides, con recuerdos falsos implantados. Algo parecido ocurre con Douglas Quaid, el protagonista de “Desafío Total”, en una sucesión de simulaciones dentro de simulaciones. Y en “Abre los ojos”, “Nivel 13” o “Matrix” los personajes descubren que viven en una especie de estado onírico, soñando una realidad construida como señales eléctricas interpretadas por su cerebro.

Ésta es la idea central también del arranque de la novela “La penúltima verdad”, a partir de la cual se desarrolla una historia apasionante, con muchos giros inesperados que hacen que se mantenga el interés hasta la última página.

Por último, es interesante señalar que esa “idea fija” característica de Dick ha aparecido muchas veces como posibilidad real dentro de la historia del pensamiento, por ejemplo en Platón (mito de la caverna), Dercartes (hipótesis del genio maligno), Berkeley (la existencia de las cosas radica en su perceptibilidad) o Schopenhauer (el mundo no existe más que como representación).

(F.J. González-Abraldes, colaborador de la biblioteca).


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