BATIENDO RECORDS

Este trimestre hemos batido dos records: 

  1. El 14 de Noviembre, por primera vez en nuestra historia, SE LLENÓ la biblioteca. 56 sillas ocupadas, todas las que hay. No había sitio para los que llegaban. Podemos, como diría Julio Iglesias, “morir de éxito”. Hey.
  2. El viernes 26 del corriente enero tuvimos un recreo en que nos ganamos el sueldo: ¡42 préstamos! Bueno, los 42 se dieron durante toda la mañana, pero casi todos en el recreo. Así que los dos profes que estábamos allí no dábamos abasto.  Teníamos que:

a. Prestar, devolver y renovar libros, rellenando el papelito recordatorio correspondiente.

Me entregan un libro. Miro al chaval para que me dé más información pero él tambén se me queda mirando. Al fin me decido:

-“¿Llevar o devolver?”

-“Renovar”.

Bingo.

b. Buscar libros. Esto es lo que lleva más tiempo.

-“Profe, tendrá el libro… (y leen trabajosamente un papelito arrugado)…A Costa dos Afogados?”.

Tú buscas con prisa y tensión pero no lo encuentras.

–“¿Sabes el autor?”

-“No” (excusaste preguntar: nunca lo saben)

Se te ilumina el bombillo:

-“No será “A praia dos afogados, de Domingo Villar, almaenpena?”

-“Ay, sí, eso…”.

Y menos mal que vienen los Ángeles Custodios (o sea, los alumnitos del Equipo Voluntario de Ayuda en la biblioteca), les das el encargo y ellos ya lo buscan en los estantes y lo traen.

c. Siempre aparece un “moroso” que te hace perder más tiempo porque tienes que anotarlo en el papel de “los malditos” y suspenderle el préstamo:

-“Creo que trae un poco de retraso”

-“ Sí, un poco de 13 días. Bueno, Borja, estarás 13 días sin préstamo, ¿vale?”

Se encoge de hombros y se va.

c. Las dos colas siguen creciendo, aunque caóticas en su forma, a la manera española.

-“Profe, ¿me deja un portátil?”

Todos los ordenadores están ocupados, así que abro el armario y le presto un netbook. Cierro el armario. Me siento.

-“¿Y unos cascos?”

– Sí, filliño (a estas alturas aún tenemos paciencia). Te levantas, vuelves a abrir el armario, etcétera.

d. Atender a compañeros profes, que si pueden traer un grupo de alumnos (¿para qué será una biblioteca escolar, digo yo?), que si tengo tal libro, que si les dejo el periódico y lo traen luego…

e. De vez en cuando, como uno que se está ahogando, levantas la cabeza e intentas controlar el orden y buen uso. Que no coman o beban (excepto los ayudantes), que todos los de Internet y los juegos de mesa se hayan apuntado, que desconectes el (¡!) móvil, que se callen los de la mesa de la esquina. Y en esto es donde brillan los alumnos voluntarios de apoyo. Sin ellos…

Y creo que esto es todo en un recreo de viernes. A menos que llegue un representante de una editorial o un profe que a última hora necesite una película sobre la revolución industrial o una viejecita (y esto no sería la primera vez) que me pregunta cuándo abre la peluquería.

Bueno, amigos lectores, esto sucedió con DOS PROFESORES y DOS ALUMNOS VOLUNTARIOS trabajando a toda máquina. Con esto quiero decir que en los recreos de nuestro cole necesitamos refuerzo, son necesarios  dos profesores (y no uno, como es habitual) y,  que  la biblioteca tiene que ser reforzada a nivel de profesores y que tome nota la autoridad competente.

-“Profe, el portátil está sin carga”.

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